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Los Arcaya vencieron las adversidades

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Raquel y Max Arcaya con Claudia Caporal

- Galavision

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Los Arcaya, cuatro años casados

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Los Arcaya renovaron sus votos

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El matrimonio de los Arcaya

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Raquel y Max Arcaya eran una pareja feliz cuatro años después de casarse, pero había una razón de peso para cambiar. Son el uno para el otro y querían renovar sus votos. Raquel tiene 39 años, es mexicana y trabaja como empleada de restaurante. Pesaba 225 libras al empezar el programa. Max tiene 41, es peruano, trabaja como instalador de antenas y pesaba 170 libras. Pero ambos habían subido de peso.

Se conocieron por la Internet, ella vivía en México y él en Estados Unidos. Después de un par de meses, él viajó a conocerla. "Me atrae mucho su nobleza" dice de él Raquel, quien físicamente estaba más delgada, cuatro tallas menos. Se mudaron a Estados Unidos y viven con la hija de ella, Andy. "El sobrepeso que yo tengo ha sido también el cambio en el tipo de alimentación que yo tenía en mi país... yo comía más botanas en México", afirma Raquel, quien ahora estaba adicta a los refrescos. "No me siento bien por ella, por su salud primeramente y por la parte física sé que... se pone de mal humor", señala Max.

Raquel pesaba 175 libras cuando se casó y el vestido no le cerraba al empezar el programa. Claudia Caporal quedó impactada porque se había abandonado. Con Max la situación no era tan grave, de las 160 libras al casarse, sólo había subido diez. Pero ella no se sentía bonita. "Cambian muchas cosas, la personalidad, el estado de ánimo", admite Raquel. "Estoy casi seguro que es por su exceso de peso", añade Max sobre su esposa, que sufre unos terribles dolores de piernas.

La intimidad había cambiado entre la pareja, "la pasión no es como antes... por lo mismo del sobrepeso no me acerco tanto a ella ni le hago tantos mimos, aunque la amo", decía Max, quien no la había confrontado directamente. "No tengo ganas de nada, porque no hago ejercicio", agregaba después. Pero Claudia logró que se comprometieran al sacrificio. El trabajo se veía duro: Max prefería la comida chatarra, pero el caso de Raquel era preocupante, ingería dos litros diarios de soda, como desayuno y cena.

La doctora Claudia M. González, nutricionista, examinó a los Arcaya. De las 225 libras de Raquel, 40.72 eran exceso de grasa. Les pidió que corrigieran lo que estaban haciendo, es decir la mala alimentación. Aunque a Max le faltaban vegetales, no estaba tan mal. Raquel era un caso bastante dramático. "No tenía la menor idea de que había ese exceso de azúcar... no hago nada de ejercicio, me canso, me fatigo". Por su parte, Max se quejaba "me gusta jugar tenis pero no tengo con quién, me gustaría jugar con mi pareja".

Los Arcaya adoptaron este plan nutricional: frutas cítricas en el desayuno, proteínas y legumbres en el almuerzo, tres comidas y dos meriendas, 6 vasos de agua al día. Claudia les encargó la tarea de dividir alimentos saludables en la cocina. No había casi nada saludable y no les hizo gracia deshacerse de eso. Entre las recomendaciones de Claudia a "la jefa" estaban comer sólidos y hacer terapia contra la ansiedad, saliendo al aire libre.

A Raquel le costaba mucho caminar. El entrenador personal Frank Guzmán les asignó la palabra Coraje y enfatizó en visualizar sus metas. Comenzó con una clase de power yoga. Le advirtió a Raquel que las sodas son calorías vacías y las calorías que no se usan se convierten en grasa. El plan de entrenamiento diario consistía en 30 minutos de máquinas, 100 abdominales y una caminata de 45 minutos.

Claudia les llevó un carrito con compras con alimentos nutritivos. Eliminó completamente las sodas, pero les advirtió de no pegarse al café para compensar. "Creo que me volví una adicta a esta sustancia pero no creo que sea un factor de mi peso", dijo Raquel. Claudia les aconsejó no saltarse ninguna comida. El panel de especialistas se enfocó en el problema de Raquel. La doctora recomendó que tomara agua y té y el entrenador, ejercicios cardiovasculares que no tienen ningún impacto: no trotar ni correr, para proteger las rodillas. También necesitaban trabajar la relación de pareja y quemar el pasado.

Ambos tenían sentimientos ocultos que los habían alejado, así que Claudia les dio un ejercicio para expresar sus molestias. A Max no le gustaba que diera prioridad a la gente antes que a ella. A Raquel no le gustaba que él se molestara cuando hacían actividades en casa como la limpieza, porque no estaban las cosas como quería. A él le disgustaba el vicio del tabaco y las sodas, y además le dijo por primera vez "me disgusta el sobrepeso que afecta nuestra intimidad". Ella no sabía que le molestaba y se sentía presionada que él estuviera siempre con hambre desde que empezó la dieta. Quemaron los papeles con sus molestias para empezar de nuevo.

La carta que les informaba de un tratamiento adicional fue difícil para Max, pero demoledora para Raquel, quien debía iniciar un régimen intensivo de inmediato en un campamento. Creía que era broma y hasta lloró, porque nuna había faltado a su trabajo. Max la iba a extrañar, pero sabía que era por su bien. El panel le dejó una sorpresa: el Kamasutra. Esos dos días serían su prueba más dura, con ejercicio extremo y dieta rigurosa. La chef Karina Jakubowicz les enseñó la receta del batido de frutas o smoothie, que sirve como desayuno o cena. A Raquel le gustó hacer algo fácil, rápido y saludable. Y después de una jornada de belleza y descanso, quedó súper emocionada y feliz como la primera vez.

Los dos estaban nerviosos antes de la renovación de votos. La noche anterior contaban los minutos, como reviviendo el casamiento. Max bajó a 160 libras y Raquel bajó a 213. Allí estaban la hermana de Raquel, Mónica Cervera y su jefe Jerónimo Saldaña, quien les deseó hasta una tercera boda. El ministro los exhortó a hablar del kamasutra y la pasión y ambos se leyeron sendas cartas de amor. Tienen todo para ser felices por muchos años. Lo lograron.

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