Jóvenes con sida cuentan sus historias

El testimonio de las adolescentes de Honduras, Guatemala, Panamá y Colombia está recogido en el libro Y ni siquiera lloré, presentado en el IV Foro Latinoamericano y del Caribe sobre VIH/sida, que concluye en Buenos Aires tras cuatro días de deliberaciones.

Se trata de cuatro de los más de dos millones de jóvenes que tienen sida en el mundo, pero hay algo que los diferencia: ellas han decidido sumarse a la lucha contra la estigmatización de la enfermedad contando su experiencia personal.

El libro, producido por la sección latinoamericana de la Comunidad Internacional de Mujeres viviendo con VIH/sida (ICW Latina) con el apoyo de la oficina regional de Unicef para América Latina y el Caribe, cuenta la historia de 12 niñas y adolescentes que viven con el virus.

Keren nació con VIH y a los cinco años ya sabía de qué trataba la enfermedad y sus modos de contagio. Al principio tenía miedo de ser rechazada por sus amigos y, de hecho, en el colegio tuvo que soportar la discriminación de algunos de sus compañeros que la llamaban 'sidosa', pero con el paso del tiempo las cosas han cambiado, tiene muchos amigos y la tratan como a alguien 'normal'.

"Si una persona no tiene VIH/sida y nos está apoyando me siento bien, porque por fin alguien nos entiende", declara la niña hondureña.

También escriben canciones

A la guatemalteca Lizzie le encanta escribir canciones y ya ha compuesto más de 50, pero lo que realmente quiere es ser cantante y por eso sabe que debe medicarse para poder "estar bien".

"Muchas personas dicen que es aburrido tomar medicinas y eso que solo las tienen que tomar cuando les duele la cabeza o los oídos. Tal vez al año, como mucho, pueden tomar 20 pastillas. Yo tomo 180 pastillas en todo el mes", afirma.

Su madre murió cuando tenía siete años y ella fue separada de sus dos hermanos y enviada a un orfanato, donde conoció de primera mano qué era ser "diferente" a los demás.

"Sentí la discriminación con las monjitas, porque dicen: esta es tu cuchara, tu plato y tu taza y no usas otros. Están empeñadas en que el VIH/sida se pasa con la saliva, así que cada vez que estornudo todos se apartan y me dicen que tengo que tener cuidado", rememora en el libro.

Lizzie confiesa: "Se piensan que una no se va a sentir mal, pero es feo que a uno le hablen así".

La historia de la panameña Morena empieza cuando su abuelastro violó a su madre y le contagió el sida.

"Mi mamá huyó de casa cuando tenía 13 ó 14 años y después conoció a mi papá y le contagió el virus y luego a mí a través de la leche materna porque no sabía nada. Murió cuando tenía 19 años y más tarde murió mi padre, así que a los 12 me quedé huérfana y tuve que ir a vivir con mi abuela y mi abuelastro, que también me violó", relata.

Tras denunciar la violación, Morena fue enviada a un centro de menores donde conoció a un chico y quedó embarazada.

"Me di cuenta cuando ya estaba de cuatro meses. Si lo hubiera sabido antes habría abortado por miedo a contagiar al bebé", indica.

Ouka, la mayor de todas ellas, ha decidido apoyar a todas las personas que padecen la enfermedad y luchar para que su situación y la de sus compañeras no se repita a través de la creación de una red de sexualidad y reproducción dirigida a jóvenes y madres.

"A los jóvenes y adolescentes nos dejan de lado y tenemos muchas necesidades. Queremos que nos capaciten para poder hacer talleres en los colegios en los que ofrezcamos una información directa y que no esté distorsionada", subraya.

Según la chica, "en Colombia es un escándalo enseñar el uso del condón porque dicen que lo único que hacemos con ello es excitar a la gente".